La iluminación ha evolucionado y se ha convertido en más que una necesidad; es un recurso artístico, una herramienta multifacética y flexible que ha permitido a la arquitectura romper esquemas y trascender en el plano estético más allá del funcional.

La iluminación básica con distribución luminosa uniforme a base de haces de luz extensivos. Dicha iluminación posibilita la percepción del plano de trabajo horizontal. Distinguiremos entre “Luz directa difusa” ausente de sombras y reflejos, y “Luz directa dirigida” con un equilibrio entre uniformidad y brillo. La iluminación directa se distingue por su eficiencia energética, ya que se aprovecha todo el flujo lumínico de la luminaria.

La iluminación de inundación ilumina grandes espacios. Utilizando haces de luz extensivos generamos amplitud y delimitamos espacios. El inundado de paredes forma parte de la iluminación vertical y contribuye de manera decisiva en la impresión de claridad del espacio. También lo utilizaremos para crear perspectivas acentuando la diferencia de iluminancias entre el primer o segundo plano.

La iluminación de acento a través de haces de luz intensivos realza un objeto mediante el elevado contraste que genera en el entorno. Así llamamos la atención del observador y provoca que su inconsciente asuma la mayor importancia de dicho objeto con respecto a su alrededor.

La iluminación de orientación se caracteriza por la creación de trayectos a base de puntos o líneas de luz que se comportan como una señal. Este método de iluminación es muy importante ya que interviene decisivamente en la seguridad. Se consigue destacar del entorno mediante el contraste de iluminancia elevado, o por el contraste del color.

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