El principal problema de la iluminación artificial sobre el estado de ánimo y la productiviad de las personas es que se trata, por lo general, de una luz nociva para los ojos y para el sistema neurológico. La explicación a este problema la encontramos en las diferencias que existen entre la luz emitida por los distintos tipos de lámparas que existen: hay lámparas que emiten luz monocromática mientras que otras, emiten los siete colores del arco iris, al igual que hace el sol.


A medida que se conocen mejor las propiedades físicas de las diversas fuentes de luz se van revelando los riesgos de un diseño incorrecto de la iluminación artificial. La luz no solo sirve para ver: puede afectar la fisiología, el reposo, el bienestar o las capacidades cognitivas de las personas. En la actualidad permanecemos prácticamente el 80% del tiempo en recintos con poca luz solar. Por eso, cada vez cobra más importancia el concepto de iluminación biodinámica, que es aquella que produce estímulos neurofisiológicos similares a la luz del sol.
La iluminación es parte de un todo, dialoga con el espacio arquitectónico y con las actividades que se desarrollan en el; satisfaciendo la parte funcional pero aportando un plus:

- Mayor calidad lumínica
- Más confort visual para los usuarios
- Aumentar la concentración y el desarrollo de las actividades
- Hacer eficiente el consumo energético
- Optimizar el coste de la instalación
- Reducción del mantenimiento


La relación entre el ser humano y la luz ejerce como un reloj ambiental con efectos fisiológicos y psicológicos:

- Potencía la atención
- Aumenta o reduce la actividad
- Proporciona confort en el espacio
- Aumentando la capacidad de estimulación del ambiente
- Generando sociabilidad y relajamiento en el ambiente

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